viernes, septiembre 08, 2006

 

Dialogar o no dialogar: he aquí la explicación.

Nada más difícil que las relaciones humanas. Tenemos formas distintas de pensar y de sentir; cada persona ha tenido experiencias diferentes de vida, que han forjado personalidades distintas; los temperamentos a veces se oponen. Ante este panorama, la única solución para lograr acuerdos es el diálogo.

El arte de dialogar se llama dialéctica y tiene que ver con el razonamiento y la argumentación que de él se deriva. Etiológicamente la palabra implica interacción a base de palabras, de manera que los interlocutores deben completar el proceso de comunicación.

Cuando hay un problema de entendimiento entre una persona y otra, es conveniente hacer una reflexión para identificar el origen del problema y después diseñar la argumentación para entablar un diálogo y poder llegar a acuerdos.

Sin embargo, no todos los problemas se deben a una falta de entendimiento. Hay algunos que se originan en asuntos mucho más profundos que la comunicación, que es un mero acto de expresión. Cuando esto ocurre, no pueden resolverse dialogando.

Un ejemplo de lo que digo es el siguiente: una persona entra a la casa de un hombre de manera violenta, le roba sus artículos de valor, lo golpea hasta dejarlo sangrando, lo insulta y se va; el agredido lo conoce, sabe dónde vive. Entonces decide denunciarlo y solicita ante la autoridad judicial que el agresor le devuelva sus pertenencias y que pague el gasto de la atención médica que tuvo que recibir, además de que pague con la sanción que corresponde por cometer un delito. Sin embargo, el juez, ante la evidencia clara de las heridas y de que tiene en su poder los artículos robados, falla en favor del agresor, porque el agredido no trajo fotografías de cuando estaba siendo golpeado y vituperado. Una vez sucedido esto, el agresor le pide al agredido que dialoguen para hacer las paces y que todo se resuelva.

Como se hace evidente, este no es un problema de comunicación o de entendimiento. En este caso, hubo un delito grave y una injusticia generada por el juzgador. ¿Qué puede resolverse con el diálogo?

Andrés Manuel no tiene nada que dialogar con Felipe Calderón. No se trata de un problema de "pluralidad" ni de falta de entendimiento. Se trata de un asunto de fraude, agresiones y denostación. Además, el agravio no fue sólo contra Andrés Manuel, sino contra muchos millones de mexicanos que ejercimos nuestro derecho al voto, pero que éste no fue considerado.

El resultado es evidente: hay un país dividido, lleno de enconos en el que quienes lo provocaron, ahora piensan que todo se resuelve con diálogo. Hoy México tiene un Presidente legítimo que se encuentra acampando en el Zócalo desde hace 40 días y un usurpador que anda a hurtadillas en helicóptero, escondido de la inmensa mayoría que no lo eligió.

Por sus frutos los conocereis.





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